Lo bueno de ser un número en la sociedad, es que puedes hacer uso pleno de tu libertad de expresión, sin que haya paparatsis que te acosen y te intimiden, desconocidos que te insulten o te manden al carajo por algunas de tus equivocaciones, mujeres que te desvistan con la imaginación o policías que te miren con sospecha, o terroristas que te fichen para secuestrarte y pedir un rescate a los tuyos sumiéndolos en una eterna penuria. La única certeza de ser un número más en la sociedad, el ciudadano 10.000 en tu país o el un millón en el mundo, es que cuando mueras te apodarán el NN, Pero lo malo de ser un número, es que quedarás en el olvido, nadie reportará tu paso por la vida, a no ser por un algoritmo abstracto que te considera un dato cuántico, los libros, los periódicos, las sentencias, las querellas, los edictos no contaran tu día a día, no te reportarán ni en el tiempo, ni en el espacio, no habrás sido nada ni nadie en este mundo.
Lo bueno de no ser sólo un dato fáctico más, es ser auténtico, original, ser tu mismo y que en el paso por la vida dejes tu huella indeleble, en la corteza de un árbol o en el rincón más recóndito del alma de quienes al menos por un segundo te han amado: tus seres queridos, tus amigos(as), tus enamoradas, tus esposas y hasta tus amantes y no dejemos olvidados, a tus aromas y sabores preferidos, a los claveles, buganbilias y rosas carmesí preferidas y a tu gallo, tu gato y tu perro, algo esencial de tu paso por la irrepetible existencia.
Ramiro Fernández arribando a su 52 aniversario de"Residencia en la Tierra".
04/02/2015
04/02/2015
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