sábado, 1 de marzo de 2014

CARTA A MARGOT

Carta a Margot
Hoy cuando vi pasar el tranvía, pensé en ti, apenas sentí el silbido agudo del pito y percibí que el ambiente quedaba encapotado por un denso humo negro, se asomaron a mi mente los recuerdos y fueron brotando a borbotones como vertientes de agua que se encausan a una infinita Oceanía.
Margot no escribo esto sólo porque te encuentras lejos, sino porque desde el día de nuestra separación , te tengo presente de noche y de día, y tu imagen no es efímera en mi memoria, quizá más bien se haya hecho perene e infinita porque trasunta el tiempo, la luz, la distancia el olvido y la soledad.
Tu estas conmigo, no se si te llevo en lo más recóndito del alma, o en las fibras más íntimas de mi piel y mis sentidos. ¿Recuerdas? Aquel día que te regale una estrella, te dije con palabra queda, para ti mi amor, escogí la más bella, ¡S! una estrella, la misma que hoy puedo ver desde cualquier punto del planeta, sin equivocaciones, sin confusiones con las constelaciones, la osa menor o la osa mayor. ¿Cuanto te ame Margot?, bajo el claror de la luna, ella fue cómplice silenciosa de nuestros furtivos sueños, de nuestros andares y desandares por la vida y de nuestras encabritadas locuras, sabe de la firmeza con las que forjamos, de la fuerza telúrica con la que germinaron y la delectación con que los defendimos y cuidamos.
Margot ¿recuerdas nuestros sueños, verdad?, hoy solo son ilusiones marchitas, estalagmitas petrificadas en oscuros socavones de olvido, monjes de claustro que desfilan resignados y arrepentidos por haber osado querer tomar el cielo por asalto. Qué ingenuos fuimos , creíamos como dos colosos de Rodas que con solo plantar nuestros pies de hierro en un mar de amor, íbamos a cambiar el mundo, ¡cambiarlo todo¡, sosteníamos firmemente, cambiar el arte de mantener las mentiras, el artificio de esconder los harapos, el maleficio de matar los sueños, la ignominia que destierra la luz solar, todo Margot, cambiarlo todo.
Y en el limbo de esos sueños, nos sentíamos los inventores del amor, los defensores de la madre natura, los dueños de todos los colores del arcoíris, los constructores del arte y la belleza, los hacedores de versos y de coplas, los forjadores de hombres nuevos, los labradores de la aurora, ¡Que ingenuos fuimos!. Pero no podemos quejarnos o mirar de reojo ese pasado, al fin tendremos que concluir confesando que hemos vivido intensamente, cargando en nuestras alforjas del alma, todo cuanto se pudo dar: Ternura, Amor y Locura.
Margot, te confieso que aquellos días fueron los más hermosos de mi existencia, por que en medio del trajín y los ensueños, yo te amaba intensamente, quizá menos o más de lo que hoy te amo, pese a la distancia. En la memoria de mis sentidos quedó marcada tu huella, el gusto de tu boca, la fragancia de tu cuerpo, la suavidad de tu piel de durazno que palmo a palmo fue descubriendo mi tacto.
Sí Margot, nos amamos con locura, soñamos con cordura, con frenesí, con intensa convicción, y aquí estamos, separados por una distancia sideral, atrapados entre constelaciones difusas, como puntos en el espacio que ningún físico o matemático se atreve a reunir con una línea que junte nuestros destinos.
Con el alma destemplada, como un Stradivarius que nunca encontró a su artista que la pulse, hoy te escribo esta carta, tan sólo para decirte, que en lo más recóndito de mi ser se halla tu imagen, como una esfinge dorada a la que cuido con delectación de artista, tan solo porque, a ti Margot, te sigo amando y te llevaré conmigo hasta la muerte           
                              El Alto 06/12/1994                      


No hay comentarios:

Publicar un comentario